El formato de reto elimina cualquier resistencia previa. Un alumno que creía que la Dirección Artística no era para él, acaba descubriéndola porque el reto le ha llevado a ella de forma natural. Muchos llegan con una especialidad clara en mente y la confirman, pero otros la cambian por completo tras un reto que no esperaban que les apasionara.
Cada reto es una capacitación que alimenta tu gran decisión futura: la elección de especialidad en tercero y cuarto curso. El resultado es que llegarás a esa fase no solo con una especialidad elegida, sino con un conocimiento real y vivido de todo el proceso cinematográfico. Y eso cambia radicalmente la calidad de tu trabajo.
En tus dos primeros años no te vas a sentar pasivamente en un pupitre a ver presentaciones de diapositivas sobre cómo se hace el cine. Vas a «jugar» al cine. Cada reto te exigirá mancharte las manos y superar obstáculos concretos bajo presión. Es pura adrenalina formativa que te mantendrá activo, motivado y creando desde el primer día de clase.
Decidir a qué quieres dedicar el resto de tu vida profesional cuando acabas de llegar a la escuela es casi imposible. Este sistema te quita esa presión de encima y te obliga a probarlo absolutamente todo primero. Cuando llegue el momento de elegir tu especialidad definitiva en tercer curso, no lo harás por intuición; lo harás con la seguridad de quien ya ha vivido cada departamento desde dentro.
Al haber rotado obligatoriamente por sonido, guion, fotografía o montaje, llegarás a tus rodajes finales sabiendo exactamente por lo que están pasando tus compañeros. No serás un director o un productor que exige cosas imposibles por desconocimiento. Te convertirás en un profesional empático, eficiente y resolutivo, capaz de sacar lo mejor de cada miembro de tu equipo.